jue,12-05@12:34
Noche de tormenta
Salió del Metro apurando las últimas páginas
de su libro. Era tarde, pues había cogido -por poco- el
último tren, y la noche olía a tormenta.
Al subir las escaleras a la calle, un viento extraño, como
venido de tierras lejanas, empezó a remover el barrio, y
emprendió el camino a su casa oliendo la humedad del
ambiente. Unos pasos más alante, un pinzamiento en el hombro
le hizo volverse buscando a quién le hubiera llamado, y en
ese momento se dió cuenta de que nadie andaba por las
calles. Ni coches, ni gente, ni un triste pájaro, gato o
rata... Tan sólo el llanto de las hojas de los
árboles al ser arrancadas de sus ramas para rodar moribundas
junto a sus pies.
Siguó su camino sin apurar el paso, queriendo disfrutar de
una noche que parecía augurar que nunca más
habría un amanecer, hasta llegar al fin a su portal,
acompañado en todo momento tan sólo por el vendaval,
y buscando con la mirada algún indicio de vida en ese barrio
que tan bien conocía como para saber que debía
haberse cruzado con alguien.
Se dió la vuelta con la puerta ya abierta, buscando luces en
las casas de los vecinos, esperando ver un coche, y con la
extraña sensación de ser vigilado. Sacudió la
cabeza, intentando desterrar la paranoia en que se estaba sumiendo,
y decidió subir de una vez a casa. El ascensor seguía
estropeado -maldito portero, ¿cuándo llamará a
que lo arreglen, pensó- por lo que tuvo que subir los siete
pisos andando, como siempre hacía, a oscuras.
Cuando entró en casa, algo sofocado por subir tanto
escalón, tuvo un pequeño escalofrío que le
recorrió toda la espalda. Súbitamente se
volvió, y el grito que soltó al ver la cara de
aquella vieja desdentada y despeinada riendose en su cara
murió ahogado en el "¡blam!" de la puerta
cerrándose de golpe, mientras en su cabeza resonaba...
"Así que querías experimentar el acojone,
¿eh?...."
-kali dixit, kali drinkit- |
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