vie,27-05@12:35
Conversaciones
Estos días recuerdo mucho mis dos últimas
conversaciones "trascendentes" con Ral...
En ellas hablábamos, primero, de la gente que da consejos y
no puede aplicarselos a si mismos. Llegamos más o menos a la
conclusión de que, a menudo, el problema no reside tanto en
el "no saber aplicarse sus propios consejos" sino más en la
incapacidad de ver las cosas "desde fuera". Al ser más o
menos ajeno al problema siempre ves las cosas con mayor
objetividad, con más criterio si me apuras. Sin embargo al
verse dentro del problema la mayoría de la gente ni siquiera
ve los problemas, ni la situación en su completo
contexto.
Aún así me queda la duda de qué pasa cuando,
aún estando dentro y viendo perfectamente la
situación, eres incapaz de aplicarte tus propios consejos,
cosa que también sucede a menudo...
La segunda conversación venía a cuento de los
días en los que "te apetece levantarte cabreado". Así
dicho puede resultar un poco incomprensible, pero al menos a
mí -y ahora se que a él también- hay
días en que sólo me apetece asquearme un poco del
mundo, subirme al peñasco más alto de mi alrededor,
observar a mis pies la ciudad, dejarme mecer por el viento, cagarme
en toda la creación, y si me apuras echar un par de
lagrimitas.
¿Para qué? Bien sencillo. Desahoga. Toda la mierda
que vamos acumulando y que vamos guardando en rinconcitos, porque
no merece la pena ahogarse en ellas. Pero a veces ese rinconcito se
llena, de nada en concreto, de millones de cositas sin importancia,
y es entonces cuando te sientes ahogado por algo que ni siquiera
comprendes, que ni siquiera te afecta concretamente porque no
tienes manera de saber qué es, ya que no es un algo
concreto, tangible, destructible.
No sé vosotros, pero yo cuando llego a esa situación,
sólo consigo salir así.
Necesito un viaje. YA. Lejos. Granada, Asturias... algo perdido. A
ser posible con montañas. Y con mar...
-kali dixit, kali drinkit- |
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