vie,24-06@13:26
Hoguera mágica
La Hoguera de San Juan de anoche estuvo a puntito de terminar en
chasco. Minutos antes de llegar al San Pascual cayó la madre
de todas las trombas de agua -cuánta falta hacía-, y
ahí fuí a fundirme con la noche y la lluvia.
Llegué al campo de fútbol donde siempre ponen la
hoguera. Apenas 4 gatos. Sólo unos cuantos colgaos como yo,
dispuestos a empaparse, fuimos con dos cojones fundiéndonos
con todo lo fundible.
El agua caía ya más fina aunque seguía
calando. La mitad de los que aún quedaban observaban desde
los cubiertos como la pira se iba apagando por la tromba. Pero el
viento era nuestro aliado: una corriente contínua
mantenía las ascuas al rojo vivo en todo momento, lo que
alimentaba el fuego que, aún vivo, deasfiaba a la
tormenta.
Eché un par de fotos a la lluvia y decidí acercarme a
los tres colgaos que estaban junto a la pira. Al llegar a las
ascuas descubrí un efecto mágico: La lluvia, que
ahora caía más suave, en gotas más finas, se
evaporaba por el calor antes de llegar a la hoguera, por lo que
junto al fuego no llovía. Dabas un paso atrás y te
empapabas, un paso alante y la ausencia de agua se unía al
intenso calor para que pudieras notar como tu piel se iba
quemando...
Después llegaron mis primos, Cupi y el Enano, y seguí
haciendo fotos. Al haber tan poca gente la hoguera resultó
mucho más pequeña de lo que esperaba, pero eso
permitió que uno con pinta de poco prudente se decidiera a
saltar por encima. Hice un carrete entero de fotos al fuego, y al
saltador, pero con la cámara reflex, así que
tendré que esperar a revelarlas a ver si salieron bien o
no.
Luego, para cumplir con la tradición, escogí un
objeto que representara lo malo del último año: la
tarjeta de crédito. Di las vueltas de rigor a la pira,
conjurando los espíritus para que aceptaran la ofrenda y
redujeran ese mal a polvo y cenizas, al olvido. Me sentí
como Brida en el Akelarre, con unas ganas locas de quedarme en
bolas bailando alrededor del fuego purificador, olvidándome
de toda la gente allí reunida y de sus miradas aviesas,
fundiéndome con la energía que emanaba el fuego,
trasportándome a ese mundo donde nada importa... Pero
finalmente resistí la tentación de hacerlo y con ello
ganarme alguna movida, y tras mis 3 vueltas, me acerqué
hasta donde el calor se hacia absolutamente insoportable, a menos
de un metro de las llamas, y arrojé el símbolo al
centro del fuego.
Es increible lo poco que tarda en consumir las llamas una tarjeta
de plástico.
Tenía muchos más malos recuerdos que conjurar, pero
tenía que elegir un símbolo. El resto se fueron
mentalmente a las llamas mientras daba vueltas pensando en la
fiesta de Wicca...
Ahora sólo queda esperar que la Tradición haga su
trabajo.
-kali dixit, kali drinkit- |
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