jue, 7-09@11:44
El día, el trueno, la noche
Salía tarde de trabajar, como siempre. Iba con el tiempo
justo para llegar a Villaverde a hacer un pedido para su moto. El
cielo, gris, había decidido bloquear la luz del sol, y el
día había cogido ese extraño brillo en que los
colores se intentan escapar de las cosas, y el contraste entre el
gris del cielo y del asfalto y todos los colores de la ciudad te
incitan a mirar extasiado como si todo el mundo hubiera
cambiado.
Llegó justo cuando estaban cerrando, y al aparcar un
vendabal parecía querer arrasar con todo. Subió las
escaleras de la tienda, y justo cuando iba a salir, el cielo entero
pareció caer sobre Madrid.
Una lluvia furiosa, una lluvia dura y con rabia, como queriendo
destruirlo todo, castigaba todo lo que la vista abarcaba. El viento
arrancaba ramas de los árboles, las alcantarillas reventaban
y dejaban de tragar agua. Los semáforos no funcionaban y la
gente no se atrevía a salir de los soportales donde,
malamente y agolpados, se habían conseguido refugiar.
Enfado. Rabia. Odio. El cielo gritaba a la tierra,
relámpagos y truenos parecían azotarnos sin piedad.
Una tormenta como nunca había visto, violenta y salvaje a la
vez. Tal vez Dios, si es que existe, quería castigarnos. Nos
había negado la luz del Sol y nos había mandado la
furia del agua y la implacable violencia de los relámpagos
que seguían cayendo, acompañados de un rugido
ensordecedor que explotaba en los oídos demostrando su
poder...
Una tormenta más, furiosa. Agua que se convertía en
toda la ropa que pudieras llevar. Volver a casa nadando entre
truenos. Cantando bajo la lluvia, sin tí, una vez
más...
-kali dixit, kali drinkit- |
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