lun,22-01@13:34
Otra despedida
Las despedidas son tristes, es algo que todos sabemos. Pero en
menos de 5 meses han sido dos despedidas en el mismo lugar, con
distinta gente, de mis motos.
Esta vez no tenía el vínculo que existía con
La Gata, pero de todas maneras ha sido triste dejar la moto y darle
las llaves a su nuevo dueño, y saber que nunca más
volveré a montar sobre ella.
El día amaneció triste, elocuente de lo que iba a
ser, gris, con una llovizna finísima y una niebla que apenas
dejaba ver la acera de enfrente. El sol ni siquiera se había
despertado cuando salí a por la moto. El mundo
parecía andar a un ritmo extraño con la falta de luz,
y la gente andaba distante y aún adormecida por sus
madrugones para ir al tajo.
Como una hilera de autómatas todos se encaminaban al Metro
sin pararse a mirar a quien anda a su lado, o a quien se cruza en
sentido contrario. Como mucho dos amigos que se cruzan se reconocen
y hablan 15 segundos sobre por qué se cruzan esa
mañana y no otra.
Pero poco a poco el sol va abriendose camino a duras penas entre la
densa niebla, convirtiéndola en lluvia y
deshaciéndola con esfuerzo. Los primeros rayos de luz apenas
iluminan un poco el día aún triste, y el
tráfico se hace lento y apesadumbrado, contagiado del
lúgubre amanecer.
Después, igual de fríamente que amaneció, las
cosas se suceden como impulsadas por la misma inercia incosnciente
que lleva a las personas medio dormidas al metro para acudir a sus
puestos de trabajo, y la vista final da paso a la gestoría,
esta a su vez a las firmas de papeles, luego trámite en el
banco, entrega de llaves, últimas explicaciones banales y
obvias (a la par que innecesarias), apretón de manos, y cada
uno por su lado. Desde este momento enlatado, calentito a salvo de
la lluvia que arrecia ahora que el sol se impone filtrando sus
rayos entre las nubes, pero con una horrible sensación de
nostalgia en el cuerpo.
Esta vez no se fué girando la esquina sin mirar
atrás, ni hubo esos últimos días disfrutando a
tope de su compañía. Una honrosa despedida ayer, y un
indiferente alejamiento del lugar donde estaba aparcada en un
soportal.
La Gata 2.0 (o la Chuki) ya es historia.
Y el día sigue triste.
-kali dixit, kali drinkit- |
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