jue,17-01@18:45
Detrás de todos
Una vez más he vuelto a Madrid. Una vez más fugaz, y
una vez más sin avisar a la gente. Esta vez el factor "sin
avisar" tenía más de ganas de sorprender que de ganas
de evitar.
Y una vez más he vuelto a Shanghai con esta sensación
agridulce en los labios.
Por alguna razón el recuento final viene a ser que la gran
mayoría de la gente espera de mí que tenga tiempo
para ellos, sin darse cuenta de que "ellos" pueden ser un gran
número de "ellos", y cuando solapar a todos esos "ellos" en
sesiones individuales de "nos vemos un rato" que por lo general
incluyen la cláusula del "vente por donde a mí me
viene bien" se convierte en un puzzle difícil de encajar, es
inevitable que los imprevistos, las desorganizaciones y los
retrasos en los planes se amontonen.
Tengo una bien cosechada fama de tardón, de llegar tarde a
todos lados. Siempre he sido así y encuentro francamente
difícil un cambio radical en ese aspecto de mi vida. Pero de
un tiempo a esta parte ese hecho conocido por todos mis colegas se
ha empezado a convertir en un factor de riesgo cuando no de
confrontación sistemática. Y eso es un handicap
horrible a la hora de conciliar los puzzles "nosvemosunrato" antes
mencionados.
El efecto final de todo esto, invisible para la mayoría de
los "ellos", es que raramente consigo tiempo para verlos a todos en
las condiciones que necesitan. Gente que se siente insociable,
gente que opina que una hora de metro es demasiado esfuerzo... el
cóctel se va mezclando y cogiendo su color.
Añadamos a nuestro combinado ese regusto amargo rencoroso de
la gente que se siente dolida por mi costumbre de llegar tarde a
todos lados. El sabor de esta copa será al final muy
diferente dependiendo de quién la pruebe.
Para la mayoría de los "ellos", se afianza ese sabor
ponzoñoso de que me importa un carajo lo que los
demás tengan que hacer, y de que me tomo su tiempo a la
torera, o incluso que dispongo de él a mi antojo y real
voluntad.
Para mí, en cambio, el sabor de fondo de mi vaso, el
último en servir como mandan los cánones de
hospitalidad, lleva consigo la sensación de andar siempre a
caballo de la gente, siempre persiguiéndolos, pretendiendo
quedar lo mejor posible con todos y darme al máximo para
cumplir con sus espectativas, y un cierto regusto a egoísmo
inconsciente de aquellos que no se han parado a ponerse en mi
situación, tal vez por que sea muy complicado, o
quizás porque años de esperarme han minado su
paciencia hasta límites insospechados.
Por una razón o por otra, vuelvo a Shanghai con esta pena en
el corazón, con el daño de sentirme incomprendido,
con la amargura de no saber si la próxima vez tendré
ganas de ir de vuelta, porque aquellos "ellos" que eran el mayor
aliciente para volver a España, se han llegado a convertir
en curiosos desconocidos.
¿Dónde están mis amigos?
-kali dixit, kali drinkit- |
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