mar,13-06@17:09
Una historia que nunca fue
Salí de trabajar en el centro, tarde como siempre. Me tocaba
ir a un cliente importante, de esos que te quedarías en sus
oficinas sólo para poder ver un palacio por dentro.
Cuando pisé la calle la realidad volvió a caer sobre
mis hombros, haciendo que mis ojos recorrieran de nuevo el suelo
que tenía delante. Envuelto en mi música entré
al Metro de Noviciado, sorprendiéndome de sentirme
aún sorprendido por lo pequeña y cutre que es esa
estación.
Tras un trasbordo rápido cogí la línea que me
devolvía a mi cárcel particular de rejas y PC's,
pensando, dejándome llevar por la nostalgia y el daño
que sentía dentro, tratando de poner todas mis ideas en
orden para dar una respuesta que me habían pedido y que no
sabía dar.
Absorto empecé a pasar la mirada por todas las almas que
habitaban mi vagón, y me pregunté por qué la
misma amargura, desidia y tristeza, se reflejaban en la
mayoría de los rostros que allí podía
ver.
Y en ese momento, casi sin darme cuenta, una mirada se cruzó
con mis ojos. Apenas duró medio segundo pues, casi de un
modo instintivo, como protegiéndose, aquellos ojos se
desviaron hacia el punto más intrascendente que encontraron
cerca.
Aquella mirada esquiva me había intrigado. Tal vez estuviera
pensando lo mismo sobre las amarguras y desidias de nuestros
compañeros de vagón. Tal vez ese cruce de miradas
fuera sólo una imaginación mía. Quizá
símplemente fue la coincidencia de dos miradas vagando y que
se rozan un instante en su viaje por el vagón, sin darse
apenas cuenta.
Decidí olvidarme de aquello y centrarme en mi música,
en una de esas canciones cálidas y a la vez tristes que nos
transportan hacia un mundo mejor, aunque sólo sea en nuestra
imaginación. Y entonces, una vez más como por
casualidad, aquella mirada se cruzó con la mía.
Ésta vez la mirada tenía unos ojos detrás, y
más allá una cara asustadiza que volvió a
evadir mi mirada cuando se dió cuenta del roce. Y de nuevo
aquellos preciosos ojos verdes enmarcados en una expresión
melancólica buscaron cualquier punto para evitarme.
En mi mente surgieron historias, encuentros, ella
acercándose o yo sentándome a su lado. Surgió
un silencio cómplice entre los dos, mirándonos a los
ojos sin decir nada, pero sin apartar la vista por miedo o
vergüenza. Surgieron parques y charlas, surgieron caricias y
juegos sin prisas. Surgió un vértigo que hablaba de
cuentos, de historias por contar, de historias que nunca
serán.
Recordé una canción y me dije a mí mismo, "He
de decirle algo antes de que me marche de este sucio vagón,
y quede muerto". Pero el tren se detuvo en mi estación.
Vacilé unos segundos mirando esos ojos esquivos, que
seguían fijos en algún punto del suelo...
Y entonces las historias se desvanecieron de mi mente. De un brinco
salí del vagón justo cuando cerraba sus puertas, y
empecé a recorrer el andén mirando por la ventana, y
encontrando esos ojos de nuevo, que me veían alejarme
inexorablemente.
Cuando llegué a la escalera me detuve, me dí media
vuelta, y ví como el tren desaparecía por su
túnel. De entre todas las ventanas de los vagones, aquellos
ojos volvieron a cruzarse por última vez con los
míos, tal vez conscientes de que las mentes de los dos
habían compartido en un momento una de esas historias que
nunca serán...
-kali dixit, kali drinkit- |
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