Sat,11-07@11:59
Como un pulpo en un garaje
De toda la vida, cuando escuchaba el dicho de "como un pulpo en un
garaje", me imaginaba no el típico pulpito que te comes a la
gallega, sino más bien aquél de las novelas de Julio
Verne, un monstruo de varios cientos de metros de largo, tratando
de ponerse en pie en un garaje lleno de herramientas y cacharros
metálicos almacenados en estanterías, donde
además el garaje estuviera lleno de agua sólo hasta
la mitad. El pobre pulpo no podía apenas ni respirar en el
hipotético caso de que consiguiera levantarse, y en sus
vanos y torpes intentos por encontrar algo a lo que poder
sujetarse, todos los cacharros y todas las estanterías se
venían abajo en un jaleo impropio de algo que se encuentra
sumergido. También estaba, cómo no, el pobre coche
que naturalmente duerme en el garaje. Aplastado y retorcido debajo
del peso de semejante bicho, contribuía sustancialmente al
desagradable concierto de ruido que llamaba la
atención.
Sin embargo, el verdadero protagonista era el pulpo. Ese bicho
enorme y patoso que sólo atrae la atención para
sentir una mezcla de piedad hacia él por lo difícil
de su situación, y de odio por perturbar la paz de todos los
observadores, que tratan de dedicarse a sus garajiles actividades
sin la molestia de tan estruendoso inquilino. La gente lo mira con
desprecio y con una gotita de lástima, que se convierte si
cabe en un poco más de desprecio, y todos coinciden en que
lo mejor que puede pasarle al bicho es que se muera y se calle de
una vez, o que alguien tire de uno de sus tentáculos y se lo
lleve de allí corriendo.
Hay veces en la vida, demasiadas últimamente, en que me
siento exáctamente como ese Vernesiano ser. Estar sentado en
una terraza pija de la Castellana, entrar en tiendas de ropa donde
nada de lo que me gusta está bien, tomar unas cervezas
rodeado de gente que tiene resuelta su vida, intentar ligarte a una
chica que de repente está jugando la promoción de
ascenso a la siguiente división...
Demasiado frecuentemente me siento como ese pulpo, intentando en
vano sujetarme a algún sitio, con la sensación de que
si me quedo panza arriba mirando al techo del garaje, antes o
después aparecerá un cuchillo de carnicero dispuesto
a hacerme rodajitas para servirme en un plato gigante de madera con
patatas y azafrán. Y me pongo más nervioso y al
intentar zafarme sólo consigo ahogarme más.
Ojalá alguien tire de uno de mis tentáculos y me
saque de aquí, corriendo, buceando hasta los rincones
más oscuros del fondo de algun abismo marino, donde ni
siquiera la luz del sol pueda reflejar mi cara y mi cuerpo, y pueda
vivir un tiempo escondido y alejado de todo.
Quiero volver a casa.
-kali dixit, kali drinkit- |
[enlace
permanente] | Categoria:
general