Puertas
Puertas que se cierran, puertas que se abren sin saber que estaban
ahí, puertas que parecían selladas para toda la eternidad y de
pronto vuelven a abrirse ante tu paso...
Cuando escoges una puerta siempre descartas otra, o varias a la
vez. Y siempre se puede lamentar, pero es tu puerta, la que acabas
de cruzar, la que marca tu camino. Allí donde conduzca es ahora tu
destino.
Cruzar las puertas dejando el temor en sus pomos es más fácil de
decir que de hacer. Convencer al mundo de que, aunque no liberes
tus temores, tu decisión es la que querías, es aún más
difícil.
El pasillo por el que ando hoy es un viejo conocido. Como en una
película de miedo, la combinación de varias puertas lleva una vez
más al mismo pasillo, y cada vez que vuelves, parece que de más
miedo.
Pero no existe un temor que sea tan fuerte como para echarte atrás.
Caminas por él, convencido una vez más, de que todo lo que hay en
ese pasillo te llena cada hueco de duda con sonrisas y entusiasmo,
cada atisbo de temor con locura y con pasión.
Y de repente, cuando terminas de soltar el pomo con tu miedo en él,
te decides a cruzar la puerta una vez más y te sorprende el espejo
devolviéndote la sonrisa del gatato...
"Y la felicidad siempre anda detrás de una de esas puertas"