Lunes, 15/01/2007 @ 03:11 AM
Dos
Acabo de volver de San Sebastián de una de mis fugas relámpago
decididas a última hora. Todo empezó el Viernes, cuando no sabía
que había quedado para el mismo día con Martuky a cenar y con los
del curso de foto a tomar unas cañas por ser el final del
curso.
Al final vencieron las cañas y la noche terminó rara en una fiesta
erasmus llena de gente a la que no conocíamos. En mitad de aquella
vorágine de sangría asesina, gente conocida y gente menos conocida,
pero sobre todo gente absolutamente desconocida, hubo uno de esos
"¿oye, y por qué no?" cuando hablamos de hacer una salida en plan a
tomar unos pinchos a San Sebastián.
El espíritu del decidir las cosas en el último segundo se apoderó
de Javi y de mí y terminamos llevándonos por medio a Celia y a
César, que andaban por allí cerca. Así que el sábado por la mañana,
cuando conseguí doblegar a la resaca infernal de la sangría
asesina, salimos hacia Donosti. Javi y yo en nuestras motos, César
con el coche de apoyo (el kalicar) y Celia cambiando de un vehículo
a otro.
EL título del post viene a cuento de lo que ha ido pasando estos
dos días. Dos días en que he hecho más kilómetros en moto de los
que me apetecía, sobre todo por la cantidad de ellos que han sido
de noche y por autopista. Mis dos vehículos que han alcanzado un 2
en la primera cifra de su cuentakilómetros, 200.000 para el
kalicar, 20.000 para la moto. Dos mensajes al móvil bastante
reveladores. Dos habitaciones dobles de hotel y dos comidas que
superan la capacidad de mi estómago.
Pero sobre todo, dos días donde lo que más he sentido, es echar de
menos.
-kali dixit, kali drinkit- |
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