Lunes, 09/04/2007 @ 02:01 PM
BeiJing
Este fin de semana he ido a Beijing (o Pekín, según se quiera decir
bien o mal) 3 días, y ha sido genial.
Primero, porque tenía muchas ganas de conocer la plaza de Tian'An
Men, infinitamente más grande de lo que imaginaba, llena de
guardias nacionales, símbolos del partido, y una bandera
condenadamente pequeña comparada con la de Colón.
Segundo, vivir un poco más la realidad "Comunista" de este país,
tan difusa en una ciudad como Shanghai que parece totalmente ajena
a China si no fuera por los caracteres raros en las paredes.
Tercero, porque pude visitar la Ciudad Prohibida, que a pesar de su
nombre tan llamativo resultó un poco decepcionante en su mayoría,
dado que, como casi toda la ciudad, está en obras de cara a las
olimpiadas del próximo año. De hecho, cualquiera diría que
Gallardón y Álvarez del Manzano fueran coalcaldes de Beijing.
Cuarto y probablemente la que más ilusión me hizo, por poder subir
a la Gran Muralla, fantasear con la historia de su época,
destrozarme las rodillas en los infinitos escalones con vanos que
llegaban a veces por encima de mi rodilla... Tengo 2 Gb de fotos de
las que tendré que seleccionar.
Pero sobre todas las cosas del mundo, la mejor de todas las
sensaciones fue la de, por fin, sentirme volviendo a CASA cuando
aterricé en Shanghai. Echaba tanto de menos esa sensación que no
podía creermela.
Si alguien tiene ocasión de visitar Beijing, podrá flipar como lo
hicimos nosotros con la monstruosa descomunalidad (si es que esa
palabra existe) de sus proporciones, desde sus calles más anchas
(con más de 6 carriles por sentido, bicis descontadas) hasta por
las horas que se pierden andando de una manzana a otra, o por sus
laberínticos hutones.
A mí me ha encantado. Sobre todo por cómo me ha hecho sentir al
volver a CASA.
PD.- Como si fuera el del Almendro y esto Navidad, vuelvo a Madrid
del 19 al 29 de Abril. Estén atentos a sus pantallas :)
-kali dixit, kali drinkit- |
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