vie,29-06@16:44

En el metro

A veces veo un millón de vidas paralelas pasando por delante. Imaginaciones sobre qué hubiera sido de tal cosa si hubiera hecho cual otra, castillos en el aire, cosas pendientes que sólo existen en mi imaginación, a veces por tan solo unos segundos...

Un cruce de miradas en el metro es suficiente para desatar una historia que sólo vivirá en un mundo de fantasía, de "quizás"... de mentiras, a fin de cuentas.

Después el metro para en tu estación, te bajas y el mundo te sacude para despertarte, para hacerte volver a su realidad, y sales de tu ensueño una vez más pensando cómo te gustaría que aquellos mundos de fantasía fueran, al menos una vez, el real.

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jue,28-06@16:35

Cosas pendientes

Me gusta la palabra "pendiente". Como los que le regalas a una chica que te gusta, o como las cosas pendientes de un hilo, o aquellas que te quedan por hacer, o las asignaturas que te quedaban para el curso siguiente...

El caso es que todos tenemos cosas pendientes, y la mayoría de ellas se perderán en la memoria de la humanidad como cosas pendientes, cosas que nunca llegaron a hacerse y se quedaron allí, suspendidas de un hilo o de una oreja por un alambre que desean escalar para poderse decir en su oído.

Sea como fuere, yo llevo un tiempo desconectado de mi blog, y tengo muchas, muchas cosas pendientes por contar. La razón no es otra que mi primer parásito chispas: Rafita. Y en este momento viene lo de explicar el parasitarismo.

Entre la comunidad de expatriados en este país existe el término parásito sólo para ser aplicado a aquellos colegas o menos colegas que vienen una temporada a quedarse en tu casa, comerse la comida de tu nevera, hacerte gastar más pasta de la que te queda en las constantes juergas de sus vacaciones (sin importar que tú, aunque no sea mi caso, estés currando todos los días), pero por qué negarlo, también a alegrarte un poco la vida sacándote de la rutina espesa de las relaciones personal-laborales de esta jodida sociedad enferma en la que la pasta lo significa todo.

Y en esas que el Rafita, aprovechando la pasta que le dieron por su despido improcedente, se vino a hacer las chinas. Dos semanas en las que he podido acompañarle menos de lo que me gustaría, por asuntos de lo que podría ser mi primer curro relevante en china, pero dos semanas en las que he podido disfrutar de nuevo de la compañía de un colega de los de toda la vida, y eso como la mastercard, no tiene precio.

El Martes se volvió para España, y de alguna manera mi casa se convirtió en un sitio un poco más vacío, a pesar de mis nuevas compañías...

Pero eso, como decían al final de Conan el Bárbaro, "es otra historia..."



Sobre Londres, sencillamente la cosa se fué a la mierda. Esa manía de mi madre de repetir doscientas veces que me saque el título de Inglés, un día me pasaría factura. La falta de ese título anuló mi candidatura. Así que al final, se quedó en una de esas cosas pendientes que siempre serán eso, cosas pendientes.

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mié,20-06@15:29

Esperar

"El que espera, desespera, dice la voz popular"

No recuerdo de quién era ese poema ni cómo sigue, pero siempre recuerdo esa frase.

El que espera desespera por vivir atado a esa espera, a pesar de que la esperanza siempre se dice que es lo que nos mantiene en pie, lo último que se pierde.

Dice Meredith Gray en uno de sus discursos de voz en off que las esperanzas son aquello que nos llevan a empezar un proyecto, que nos animan a mirar adelante, pero que las cosas inesperadas son en cambio las que nos hacen vivir.

Otra frase muy recordada al respecto es aquella de "no te puedo tener esperando", la cual viene muy a cuento con aquello del desesperar.

Lo cierto es que no se si el que espera desespera, pero sí sé que esperar no es aquello que estoy dispuesto a hacer, no en el sentido que normalmente se entiende por esperar, ya que creo que el que no persigue aquello que espera, ese sí que desespera.

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jue,14-06@05:53

Colores

Todos los días grises tienen un montón de colores

-Esta mañana, en mi ducha-

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jue,14-06@05:50

Odio

Siempre he dicho que lo que más odio en la vida es la falta desinceridad.

Hoy me he dado cuenta que hay otra cosa que odio casi tanto como eso:

Que el agua caliente se me corte a mitad de ducha.

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dom,10-06@18:13

Sexo

Cuando acabo en la cama con alguien siempre me pasa una de dos cosas:

La más normal es cuando cierro los ojos con el secreto deseo de que, al abrirlos, esa persona haya desaparecido mágicamente. Sin embargo esa magia no existe, y siempre hay un "¿Qué haces aún ahí que no te has ido?"

Otras veces -las menos, lamentablemente-, no quiero cerrarlos por si acaso al abrirlos ha desaparecido, y me abrazo como un koala intentando perderme en sus ojos.

En ese momento es cuando sé que me he enamorado.

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dom,10-06@14:10

Felicidad

"Felicidad, qué bonito nombre tienes" dice la canción. Pero nadie canta a su forma. Nadie puede definir exáctamente qué es, cómo es, cómo se consigue. Ni siquiera vale la misma para unos que para otros.

La mayoría de la gente se pasa la vida entera buscándola sin tener apenas una remota idea de qué significa para ellos, de dónde encontrarla.

Casi siempre suele estar en los lugares menos esperados, en los detalles más pequeños, aunque esto pueda sonar a convencionalismo, a frase de revista de quinceañeras. Por lo general, esa felicidad termina apareciendo en lo fácil.

Lo malo, lo complejo de nuestra naturaleza, es que cuando conseguimos lo fácil, tendemos a acostumbrarnos a ello, y por eso las cosas que nos hacen felices pueden llegar a dejar de hacerlo.

Hay gente que no se da cuenta de que algo le hace feliz hasta el momento en que ese algo desaparece, o se aleja. Otros, por el contrario, se dan cuenta cuando lo recuperan.

Yo suelo perder el horizonte de lo que me hace feliz, pero de cuando en cuando me paro a pensar, recuerdo todo, cada compromiso, cada apuesta, cada detalle, cada brillo en los ojos, cada complicidad y cada minuto en que mi vida ha sido, sencillamente, fácil.

Es lo que más feliz me hace, aunque siempre falta algo o como se suele decir, no se puede tener todo. Y la maldita naturaleza humana nos lleva siempre a fijarnos más en lo que nos falta que en lo que tenemos.

Adoro lo que tengo. Adoro disfrutar de ello. Y si alguna vez me ves sufriendo por aquello que no tengo, no dejes de ayudarme a hacer focus.

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vie, 8-06@23:58

Imágenes

Como hay muchas quejas al respecto de la imagen de ahí abajo, he decidido hablar de eso, de imágenes.

Imágenes como la que he visto hoy, esa media luna enrojecida, grande a pesar de estar partida en dos, colorada a pesar de estar tan lejos (y tan cerca) de su otra mitad.

Imágenes que como esa, traen más imágenes a mi memoria. Un océano de recuerdos pasando delante de mi imaginación en forma de imágenes pasando a toda velocidad. Como si fuera una película.

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mar, 5-06@07:14

Kali 1 - Muelas 0

Aún tengo que remontar el 2-0 de la ida, vamos, que aún tienen que sacarme otra muela y empastarme otra, pero de momento he aquí una foto de pésima calidad del desastre que tenía en la boca y que el majete Dr. Chen me ha extraído a un precio ridículo...


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lun, 4-06@08:04

El río

Cierra los ojos, déjate llevar, vente conmigo...

Estás en mitad de un bosque, donde todo huele a verde, a tierra húmeda, a aire limpio. Los árboles no son demasiado densos y la luz del sol lo inunda todo, lo convierte en un lugar agradable para perderse, para pasear durante horas. Por todos lados oyes el trinar de los pájaros, la hierba pisada por algún animal que pasea cerca, pero sólo te infunde un sentimiento de que todo está en su lugar, en orden, en paz.

Andas entre los árboles sin seguir un camino establecido. Lo creas tú misma, decidiendo a cada árbol por qué lado bordearlo, qué dirección tomar, dejándote envolver por la naturaleza, por su manto mágico de vida, su tranquilidad. Cada árbol que dejas atrás tiene una historia a sus espaldas, una larga vida observando tranquilamente este sitio, guardando los caminos escondidos, sirviendo de guía para muchos animales, de hogar para otros, susurrandole al viento historias para que las lleve tan lejos como pueda, intentando que otros como tú vengan por estos parajes.

Y sigues andando, adentrándote en el corazón del bosque, recorriendo todos sus rincones, haciendo tu propio camino que nadie más recorrerá nunca, no igual que el tuyo, atenta a cada sonido, a cada olor, a cada color. Andas sin saber, pero sobre todo sin preocuparte, la dirección en la que vas. Hace ya muchos árboles que ese tipo de preocupaciones se quedaron demasiado lejos para escucharlas, y su recuerdo es tan sólo un eco en tu memoria. Un eco tapado cada vez más por el sonido agradable de agua sobre rocas, un sonido que llevas escuchando un rato, que llama tu atención, hacia el que te diriges curiosa.

Unos árboles más alante empiezas a vislumbrar un claro en el bosque, y el olor a humedad se hace cada vez más claro, mas fuerte, llenándote y llamándote a buscarlo, hasta que descubres entre tanto verde un río de agua clara, reflejando la luz del sol como si fuera un espejo. Y descubres que ese sonido que ahora lo llena todo proviene de una cascada enorme que queda a un lado, una caída de agua en forma de cola de caballo que termina estrellándose abajo sobre un lecho de rocas suavizadas por el constante rodar del agua sobre ellas.

Te asomas a la cascada sin miedo, sintiéndote segura en este mar de tranquilidad, dejando que el olor a agua rompiendo contra las rocas te llene por dentro, limpiándote. Dejas que el vértigo se convierta sólo en un recuerdo envuelta en el sonido del agua que sube desde ahí abajo, y entonces miras hacia el otro lado, hacia donde viene el agua.

Ves cómo el río se retuerce entre los árboles del bosque, creando (él sí) su propio camino, inmutable en apariencia, pero tan cambiado a través de los años. Te imaginas remontando el río, viendo todo aquello que éste agua que cae al fondo de la cascada ha visto antes de llegar aquí, encontrándote otros ríos que confluyen en éste, que lo alimentan, que significan caminos alternativos mientras sigues imaginando que remontas río arriba.

Y subes más y más, haciéndo el río cada vez más estrecho, cada vez menos caudaloso. Dejando poco a poco el bosque atrás, subiendo montaña arriba por un camino cada vez más escarpado, cambiando árboles por matorrales y más arriba matorrales por rocas, convirtiéndote en arroyo, aparentemente insignificante, pero sabiendo en lo que se convertirá más abajo. Te dispersas filtrándote entre las rocas, en la tierra, convertido en hilillos de agua pura, cristalina, hasta fundirte con la nieve que vive en la montaña.

Y desde esa altura miras abajo, ves el mundo a tus pies, puedes imaginarlo todo, puedes ver el curso remontado, cómo se mete de nuevo en el bosque, como se pierde entre las ramas de tanto verde, cómo llegas hasta esa cascada... y allí te ves, de pie junto al río, mirando ensimismada hacia arriba, ensoñada con el viaje que acabas de hacer, y de un vuelo vertiginoso vuelves desde lo alto de la montaña hasta la cascada.

Parpadeas por fin, como si hubieras despertado de un sueño, con una sonrisa en los labios, y mirando el agua que pasea delante de tí, decidida a precipitarse cascada abajo. Y de nuevo te imaginas transportada por ella, saltando al vacío sin miedo, dispersándote en el aire para estrellarte contra las rocas, acariciándolas para hacerlas más suaves, rehaciéndote de nuevo abajo de cada una de tus gotas, para seguir tu camino hacia delante, siempre hacia delante.

Y te paseas entre más rocas, conviertiéndote en rápidos, nerviosa, ruidosa, llamando la atención en medio del bosque, llamando a más gente para que, como tú, se queden ensimismados con el agua que ahora eres pasando delante suyo. Otras veces te conviertes en aguas tranquilas, paseando tranquila entre las raíces de los árboles que beben de tí, disfrutando de la película que es la vida mientras pasas por ella. Otras incluso te detienes en seco, queriendo abarcarlo todo, tranquila, quieta, silenciosa, convertida en un lago donde los demás puedan ir a divertirse, a jugar, a disfrutar de un día agradable. Abarcando y escondiendo vida dentro de tí, guardando secretos que sólo reverlarás a quienes tengan el valor y las ganas de zambullirse dentro de tí para conocerlos. Dejando que la gente nade en tí, sujetando barquitos de vela haciéndolos flotar y meciéndolos para cuidar a la gente que va encima de ellos. Creando y viviendo de la paz y la calma.

Pero al final encuentras un camino por donde seguir avanzando, hacia delante, cada vez más grande, cada vez con más cantidad de agua, arrastrando más vida en tu interior, regando campos, viendo mundo. Y creciendo, creciendo tanto que al llegar a una ciudad, sus habitantes te enmarcan, te engalanan, te engrandecen construyendo cosas a tu paso, viviendo de tí, orgullosos de tí. Y te sientes importante y señorial, dejando que te mimen como tú mimaste más arriba todas las cosas por las que has pasado. Y te sientes orgullosa de poder llevar sus barcos, de servir de medio de vida a tanta gente, cargando sus pesados transportes y recibiendo su cariño.

Pero cuando dejas la ciudad atrás ves de repente que a pesar de tanto trato señorial, de tanta admiración como para ponerte en sus postales, la ciudad te ha contaminado llenándote de mierda, de cosas que ya no quieren como si fuera tu responsabilidad llevarlas lejos de sus cómodas y estúpidamente sedentarias vidas. Así que asqueada corres, corres todo lo que puedes empujada por la enorme cantidad de agua que ya llevas contigo, hasta terminar desembocando al mar.

El mar, un mundo infinito de lugares a los que ir. Una cantidad tan ingente de agua en la que limpiarte, en la que nadar hasta hacer desaparecer todos esos desperdicios, haciendo olas o tranquila a la luz de la luna y las estrellas. Recorriendo el mundo en rápidas corrientes submarinas, hablando con las ballenas y decidiendo a tu antojo en qué costa del mundo prefieres despertar al día siguiente. Visitando los fríos polos o las cálidas playas del caribe, bajando hasta los más profundos abismos que nadie más ha visto o nadando el pacífico entero en la cresta de una ola. Empujando transatlánticos y cargueros, dejándote llevar de un lado a otro atraída por la luna...

Y cuando por fin te has olvidado de todo aquello malo que te han hecho, subes a la superficie a dejar que te dore la piel el sol, reflejándole, y dejando que te caliente para dispersarte en mil gotitas de agua evaporada, subiendo suave hacia el cielo, dejando atrás los océanos, y sobrevolando el mundo en forma de nube. Conociendo más nubes que como tú se han dejado evaporar, discutiendo con alguna para hacer algún trueno, jugando con otras a hacer formas para que los que te miran desde abajo adivinen, y sintiéndote ligera mientras sobrevuelas todo, hasta volver a ver tu río, y cuando flotas sobre el lugar al que más te apetece regresar, te encoges fuerte fuerte, haciéndote una pelota para pesar más, y caer suavemente en forma de lluvia allí donde querías ir...

Cayendo sobre tu pelo gota a gota, regándote a tí y todo el suelo que te rodea, resbalando suavemente por tu piel, por tu cara, por los hoyitos de tu sonrisa, mientras abres los ojos poco a poco para volver, feliz, a casa...

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lun, 4-06@06:48

Un viaje en globo

Hace mucho tiempo, un día en casa de Mamen en que ella tenía un ataque de ansiedad muy raro, vi a Ral hacer algo que en su momento me pareció mágico:

Tumbó a Mamen en un sofá, con los ojos cerrados, y empezó a susurrarle cerca del oído una historia, un cuento, un viaje: un viaje en globo.

Él iba introduciéndola en el mundo del viaje, contándole que se subía a un globo, y que empezaba a llenarse de aire caliente para despegar. Mientras le contaba la historia, de tanto en tanto le preguntaba por detalles que ella tenía que ver e ir contándole, como de qué color era el globo, la ropa que vestía, si había alguien más a su lado...

Luego despegaba y soltaba los amarres, y el viento empezaba a llevarles, a ella y su globo, por donde le parecía bien. Sobrevolaban una pradera, mientras Mamen contaba cómo era la hierba, qué animales o personas veía, si había ríos, si había carreteras... Después volaba hasta las montañas y Ral seguía preguntándole acerca de la nieve que había, y cientos de miles de detalles.

20 minutos después del despegue del globo, lo hacían aterrizar. Mamen abrió los ojos con una sonrisa enorme en la boca y una sensación de tranquilidad que no dejaba de sorprenderla, flipando por cómo la había llevado hasta hacerle olvidar lo que fuera que le había causado aquel ataque de ansiedad.

Auqella noche charlé durante horas con Ral, entre kalimotxos y birras, sobre la capacidad de mover el cerebro de la gente con la voz, sobre cómo hacerlos desviarse de sus preocupaciones, sobre lo que, de un modo u otro, podríamos llamar hacer magia. Discusiones de borrachos que se sienten capaces de cambiar el mundo, de hacerlo girar a su antojo, o de al menos ayudar a que la gente cambie sus mundos personales.

De aquello hace ya más de un año. Y si Ral leyera esto, me gustaría darle las gracias por enseñarme a hacerlo, por la cantidad de veces que he llevado a alguien de viaje, sólo con el poder de un hilo de voz. Por la cantidad de veces que he podido ver esa misma expresión de felicidad, sorpresa y agradecimiento juntas al regresar del viaje. Porque aprender de él me permitió ver esos ojos diciéndome "No sabía que me querías tanto".

Y en su honor inauguro una nueva sección donde ir colgando alguno de esos cuentos, de esos viajes que más me han gustado.

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dom, 3-06@14:08

Old Friends

Desde que vivo aquí y veo los rollos que se traen las gentes en estos sitios, he aprendido a valorar mucho más (o mejor dicho, símplemente lo recuerdo más a menudo) a los buenos amigos, aquellos que son viejos amigos y precisamente el hecho de que sean de toda la vida conlleva que siguen siendo gente que merece la pena tener a tu lado.

Estos días también me he acordado mucho de aquellos que parecían serlo y luego resulta que no lo son tanto. Aquellos en quien confías, a quienes crees, por quienes apostarías y a quienes abres sin dudar la puerta de tu casa.

Qué decepción tan dolorosa comprobar que, a la hora de la verdad, y sin ningún motivo (¿aparente?), no son en realidad ni tan siquiera colegas.

Esta noche brindo por aquellos viejos amigos caídos en algún campo de batalla que los condenó al olvido de la amistad, donde desaparecieron para siempre de mi vida.

Por vosotros. Por tí. Salud.

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