acostumbrar:
- 1. tr. Hacer adquirir costumbre de algo.
costumbre:
- 1. f. Hábito, modo habitual de obrar o proceder establecido
por tradición o por la repetición de los mismos actos y
que puede llegar a adquirir fuerza de precepto.
Resulta que el tiempo nos impulsa inexorablemente a la toma de
costumbres. En todo, absolutamente todo lo que nos rodea, podemos
definir un ciclo vital constante que nace en la curiosidad, en la
excitación de lo nuevo, de lo desconocido, para ir
convirtiéndose poco a poco y sin dejar que lo percibamos en
una costumbre, es decir, en un repetir las cosas sin apenas pensar
en ellas, sin vivirlas con esa ilusión y ese afán de
devorarlo con que se hacía al principio.
En la vida hay facetas en la que acostumbrarse es algo agradable,
que elimina problemas o sufrimientos, y que hace que nos adaptemos
más a nuestro entorno y podamos disfrutarlo.
Otras veces -la mayoría-, sin embargo, acostumbrarse sólo
implica perder algo que hemos ganado, o que nos ha venido dado,
pero que en todo caso nos gusta, hasta el momento en que pasa a
convertirse en algo normal, algo que está ahí siempre sin
que lo persigamos, y es en ese momento cuando empieza a perder su
valor, a convertirse en un precepto.
Cuando llegamos a caer en esta costumbre, al lado "oscuro" de
acostumbrarnos, resulta -al menos en apariencia- imposible
recuperar lo que teníamos antes, y en el ¿mejor? de los
casos terminamos golpeando nuestra cabeza contra nuestro particular
muro de las lamentaciones, odiándonos por haber dejado que ese
algo se nos escape a fuerza de costumbre.
Yo, por más tiempo que pasa, no termino de acostumbrarme.
Ojalá tú no lo hicieras.
Por alguna razón que no termino de entender, los seres humanos
somos autodestructivos, y hacemos cosas aún a sabiendas del
daño que nos van a hacer. Como si fueramos masoquistas, nos
entregamos voluntariamente al dolor y nos engancha cuanto más
sufrimos.
A veces, sobre todo en ocasiones como esta, me gustaría dejar
de ser humano, así de golpe. Que me borren de la raza de
estúpidos seres autodestructivos.
Cuando estás en un mal momento y todo parece perder sentido a
tu alrededor, es fantástico contar con alguien a tu lado que
sea tan fácil, alguien que sea capaz de hacerte sentir en
casa.
Ha pasado mucho tiempo, y esto parece que se hubiera abandonado. Lo
sé, merezco la muerte o algo parecido, pero creo que todos
tenemos nuestros días y nuestros momentos de absentismo
mundial.
Por aquí todo sigue más o menos igual, tuve muchos
líos con el casero para dejar la casa en condiciones
aceptables o al menos en las condiciones que yo había pedido.
Todo para descubrir con gran decepción que la palabra dada por
un chino medio vale menos que el pañuelo con el que se suena
los mocos (en el poco probable caso de que se digne a usar un
pañuelo, claro), y el "donde dije digo..." parece más
propio de estas latitudes que de nuestra tierra natal.
También llegué a descubrir por mí mismo el nivel de
"pueblerismo" que existe en esta ciudad, donde entre más de 20
millones de habitantes, siempre terminas dando con alguien del
círculo o relativo al círculo de gente con la que te
mueves. Hasta el punto de intentarte ligar una alemana en un garito
para descubrir que es novia de un chino ex-empleado de la oficina
comercial española...
Los días pasan rápido y con poco que hacer, y vuelvo a
enfrentarme a aquella sensación extraña de echar de menos
un curro, algo con lo que ocupar parcialmente mi tiempo, mientras
el resto del universo hace lo propio. Entre tanto los días se
llenan de vacío y de la sensación de estar en un lugar al
que no pertenezco, en el que no termino de encajar por no adaptarme
a los estándares de trepa y de "megacool" que marcan la vida
en esta ciudad, y encima comprobando cada día que aquello de
"engañar como A un chino" nos llegó mal, porque los que
engañan son ellos.
Vivir siendo un guiri rodeado de expatriados cuya única meta
es ser más que el de al lado, vender más que todos los
demás juntos, termina minando la moral de cualquiera. Aguantas
cosas como que te digan que no te adaptas, que eres un punkleta
cerrado de mente al que sólo le gusta dar saltos y la
música heavy (les falta decir "y los pelos largos" para ser
como mi abuela), y lo peor de todo: un nivel exagerado de falsedad
en la gente, de sonrisas de cartón tapando no sé qué
intenciones, de intereses cruzados y puñaladas por la espalda,
y en fin, un sinfín de gente de la que no sabes si puedes
fiarte, una sensación de desabrigo horrible que te lleva a
echar de menos a tus AMIGOS (de esos que se escriben con
mayúsculas y se cuentan con los dedos de una mano) más de
lo que nunca pensaste que se los pudiera echar de menos.
Hay otra cosa que echo de menos como si me fuera la vida en ello.
Echo de menos mi moto. Echo de menos la escapatoria que me daba,
poder levantarme una mañana desganado y subirme a lomos de
ella, echar a rodar sin rumbo, alejarme y dedicarme a vivir el
asfalto, a buscar más curvas, más montañas, más
sitios nuevos alejados de todo esto. O el simple placer de montar
escuchando el sonido del motor y sintiendo el viento en mi
cara.
Las motos aquí están prohibidas en más de 250 cc., y
además el gobierno de Shanghai quiere evitar que se usen por
lo que las matrículas cuestan más incluso que la moto.
Por lo que me han venido contando, una 125 media puede salir por
unos 850 euros al cambio. Sin embargo la matriculación de la
moto podría subir a cifras entre 2.000 y 4.000 euros. Y en ese
momento es cuando con gran desesperación tienes que olvidarte
de la idea.
Tengo una sensación bastante asquerosa de echar de menos.
Mucho. Y ni siquiera sé exáctamente a qué. O a
quién. O tal vez sea todo junto. Pero todo se contradice con
la idea de que no quiero volver a vivir en España. No de
momento, ni en un futuro próximo.
Supongo que se me pasará. Adaptarse o morir, dicen.
Dicen.
Vuelvo a España seguramente entre el 21 y el 29 de Abril.
Espero que un poco de aire, carnaza, vino, kalimotxo, los colegas y
una escapada en moto me recarguen las pilas. Hasta entonces, no
sé cómo irá todo. Supongo que mejor. Espero que
mejor.
Podría decir que siento haber dejado abandonado este enlatado.
Pero lo cierto es que no puedo sentirlo. Es mi enlatado, y ya
sabéis lo que pasa con estas cosas. Uno escribe lo que le
sale. Si le sale.
En esta ciudad no llueve, aquí el cielo llora a mares,
literalmente. Cuando llueve, los edificios de enfrente no se ven
tras la cortina de agua que nos rodea. Además, estando en una
planta 31, la lluvia literalmente nace justo sobre nuestras
cabezas.
El viento suena como si fuera una peli de miedo, entre los
árboles de un bosque oscuro de hierro y hormigón, un
bosque gigantesco inerte, adornado con millones de luces de colores
para parecer inofensivo.
Esta es una lluvia extraña, una cortina capaz de traerte las
más dispares sensaciones, aunque generalmente tienen mucho que
ver con la nostalgia.
Un día te levantas por la mañana y de repente de das
cuenta de cuantísimo echas de menos una mirada concreta, unos
ojos perdiéndose en los tuyos, unas manos sobre tu cuerpo y el
roce de esa piel contra la tuya, como si hiciera siglos que no
sucediera.
Llevamos unos días de fin de año, otra vez. Este es el
lunar (más conocido como simplemente Chino) y las
celebraciones aquí son tan exageradas como cualquier otra cosa
que pueda verse en esta ciudad.
En el país de la pólvora los petardos son la máxima
más típica. Se compran en ristras choriceras de 1000 o
2000 petardos entrelazados, al desdeñable precio de 2 y 3
euros respectivamente cada ristra, y tienen un aspecto similar a
esto:
Como estos 2000 petardos les parecen poco, hacen mosaicos de
ristras en la calle, en mitad de la calzada, organizando cosas de
este palo:
Y cuando les da por encender la mecha, la que se monta es tremenda.
En el vídeo no se aprecia de verdad, pero estando allí
las mascletás valencianas parecen de coña, y durante 2
días seguidos esta escena se repite por cualquier esquina de
la ciudad, una vez detrás de otra:
Además de los petardeos ensordecedores, en las mismas calles
ponen tambores de fuegos artificiales, que por lo general suben
sólo hasta la mitad de los edificios que los rodean, haciendo
un espectáculo curioso de ver. Otro video del asunto:
Durante estos dos días, la ciudad es lo más parecido a
Sarajevo que conozco :)
"Forgive sounds good. Forget, I'm not sure I could. They say time
cures everything, but I'm still waiting..."
El perdón es una idea que siempre me ha resultado curiosa.
Perdonar, conceder algo (un perdón), es como conceder a
alguien uno de los mayores y sin embargo más fáciles
favores que cualquier persona puede conceder.
A menudo pensamos que aquellos a quienes perdonamos están
condenados a repetir, antes o después, lo mismo por lo que les
hemos perdonado. Y sin embargo no nos damos cuenta de que, al
pensar así, en realidad no existe tal perdón.
En ignlés hay una expresión muy buena que dice "Forgiven,
not forgotten". Pero yo creo que es imposible perdonar sin olvidar.
Porque cuando el problema, la afrenta, el daño presente en
nuestra mente, no se puede perdonar.
Dicen también que olvidar es difícil, o imposible, pero
yo creo que es tan fácil como se quiera que sea, sólo hay
que mirar lo importante, cuando vale más que el daño, y
se olvida sólo.
Mientras tanto, la otra persona deja que el tiempo cure, paciente,
y trata símplemente de recordar que, lo que importa, no cambia
nunca.
Escuchando una canción ha venido a mi memoria una
expresión que usa mucho la gente en contra de la guerra de
Irak: Guerra Ilegal. Y me ha dado la risa. ¿Acaso hay guerras
legales? ¿Hay guerras mejores y guerras peores? ¿Es
posible que una guerra sea buena?
Las armas sólo se hacen para matar. La única guerra buena
posible es aquella a la que no fuera NADIE.
Hoy empiezo mis clases de Chino. Espero que la pastucia que me va a
costar me sirva de algo. Me muero de ganas por poder empezar a
entenderme con la fauna local :)
Ni siquiera sé decirlo en Chino, pero llevo una semana loco
viendo casas y mas casas, echando cuentas de cuánto puedo
gastarme, tratando de averiguar en qué zona me gustará
más vivir esta ciudad, discutiendo con unos chinos que no
hablan ni inglés y sin saber hablar chino sobre el precio que
soy capaz de pagar... y al final tengo un enorme dolor de cabeza
acompañado de una creciente habilidad para la mímica y la
comunicación gesticular (si es que ese término
existe)
Tengo que cerrar este tema pronto, porque mi licencia de parasiteo
está caducando, y aunque puedo migrar a otro huesped, lo suyo
es establecerme de una puta vez.
Por otro lado, ayer hice lo que no había hecho nunca... volcar
un vaso de zumo de manzana sobre el teclado de mi portátil
nuevo. A veces me sorprende ser tan completo desastre.
Anoche fue un cúmulo de sensaciones extrañas. Una
tristeza incomprensible que me inundaba y desboraba en
lágrimas sin saber ni tan siquiera el por qué.
Esa tristeza tan real como incomprensible es la misma de la que
había oído hablar hacía meses.
Entonces Silvia me abrazó y me tranquilizó. Las
lágrimas brotaban libres al fin desahogando esta pena,
mientras me susurraba al oído...
Para mí, la sensación que mejor define "Estar en casa" es
tumbarme en el sofá en una noche de lluvia arreciando en el
cristal, con el calor de alguien apoyado sobre tus rodillas, y
viendo "Anatomía de Grey"
La ciudad desde el taxi es un manto de agua que cae con paciencia
infinita. Las calles y los edificios parecen llorar desde la
autopista elevada, y el camino de vuelta a casa se convierte en un
aluvión de preguntas sobre por qué las cosas han ido
saliendo mal.
Dónde han fallado, dónde stuvo cada error, cómo
aprender de ellos. En el fondo es una conversación con uno
mismo totalmente carente de sentido, igual de carente que ha
resultado ser este día. Y de fondo una canción perfecta
para el momento responde breve y concisa a las preguntas: "Fools
and love"
La vuelta a casa se hace larga y la música cambia al
chinesepod, y me alegra saber que algo sí estoy haciendo
bien.
Lo peor de ser un Guiri es aceptar, precisamente, que uno es el
Guiri. De repente estas en un lugar donde todo el mundo es raro,
las costumbres aprendidas no valen de nada (como saludarse con dos
besos) y por supuesto, el idioma local te suena como el ladrido del
perro de tu tía.
Resulta más que extraño acostumbrarse al hecho de ser
totalmente analfabeto, cuando uno no puede ni tan siquiera intentar
pronunciar los carteles que encuentra en su camino. La mayor parte
de la población ni siquiera sabe pronunciar "English" por lo
que la comunicación es algo más que dificil.
Acostumbrarse al hecho de ser un extraño no es nada sencillo,
y requiere grandes dosis de paciencia, de dotes de expresividad y
de adivinación y sobre todo mucho mucho interés en
aprender.
Es necesario borrar todo lo aprendido y volver a empezar casi desde
cero, y en ese mismo instante comprendes por lo que pasan miles de
personas en todo el mundo, y aprendes a valorar el esfuerzo de
aquellos que han emigrado a otros paises, y seguramente, a sentir
mucha más comprensión hacia aquellos que son extrangeros
en tu país.
Entonces me vuelvo a acordar de aquella frase que decía que el
racismo es una enfermedad que se cura viajando.
Llevo unos días con cosillas que postear, pero no me he
sentido con fuerzas. El Viernes murió mi tío Caty, y
desde entonces cada vez que me pongo a pensar me invade una
profunda y desagradable tristeza.
Pues ya estoy aquí, al otro lado del planeta. Y esto es, en
todos los aspectos, otro mundo.
El viaje empezó el mismo día de la despedida, ya que al
final ni siquiera me acosté. Llegué corriendo a casa, a
terminar las maletas, para llegar con prisa al aereoupuerto, y tras
una emotiva despedida de la gente del foro que vino a verme,
tuvieron que detener el avión y mandarme un bus para llevarme
a la pista, porque se iban sin mí
Después de una breve estancia en Copenhague (K0benhavn) donde
descubrí lo civilizados que son los daneses, que no tienen
tornos de acceso al metro sino una canceladora en el andén que
ningún españolito usaría, me tocó el peor de
los vuelos, largo, sin poder dormir, con un tipo al lado que se
salí 3 veces de su asiento por tamaño...
El caso es que entre jet-lag y demás acoples variados, he
tardado en hacerme a esta, mi nueva ciudad.
Ayer compré un portáatil nuevo, que me hacía mucha
falta, pero resulta que mi Windows está en chino.
Simplificado, eso sí.
Esta semana apenas es como estar de vacaciones, hace unos días
ya que aterricé en el aereopuerto de PuDong, pero tengo la
sensación de que aún no estoy del todo aquí.
Entre tanto, mientras miro pisos y cosas de más, voy
haciéndome a la idea de que esta es ahora mi ciudad, un mundo
al que tengo que acoplarme y hacerme, aprendiendo a ser un guiri
(laowai), y acostumbrándome a todo lo que es la vida en un
sitio como este.
A ratos miro a mi alrededor y me siento absolutamente feliz, y
aunque la gente no lo entienda, el miedo es algo que no tiene
cabida en mi cabeza. A otros ratos sin embargo, la pena de haber
dejado mi mundo tan deprisa, me aprieta un poco el estómago.
Ahora pienso que tal vez la precipitación que tuve los
últimos días en Madrid fuera de alguna manera
intencionada para no darme tiempo a pensar nada.
Antes de despedirme por hoy, y de decir que ahora que tengo
ordenador, tengo que dar las gracias a todos los que estuvisteis en
mi fiesta de despedida, por hacerme sentir arropado y todas esas
mariquiteces que de vez en cuando son tan agradables
sentir...
Habrá que llamarlo de otra forma. Hasta luego, tal vez. Hasta
qué luego, no lo sé. Pero mañana es mi último
día como Español.
Mañana es un día aún más ajetreado que este.
Demasiado poco tiempo para hacer demasiadas cosas. Comida con la
famili, terminar maletas, acoplar cosas en el piso... etc. Como
siempre me pilla el toro, como siempre sin tiempo, como siempre
dejando demasiadas cosas por hacer en el tintero.
Mañana celebro mi fiesta de despedida, o de hasta luego. El
sitio es un bar llamado "Así sea" que está en la calle
Viriato 29, en la zona de Quevedo. Si alguien quiere venir, a
partir de las 10, cuando quiera. Hay invitación a copas,
así que cada uno elija lo que quiere hacer.
Si podéis venir, porfavor, llamadme al móvil nuevo: 630
739 734.
A todos los que no os veré mañana y no he podido ver esta
semana: os echaré de menos.
Ayer en la tele dijeron una frase que había escuchado ya unos
cuantos miles de veces, pero que por alguna razón hasta ayer
no me había llamado la atención:
"El arma homicida"
Creo recordar que en literatura existe un nombre para aquellos
adjetivos que sólo sirven para recalcar algo que ya va
implícito en el sujeto al que adjetivan, pero no recuerdo
qué nombre era aquél. El caso es que, ¿podría
acaso existir algún arma no homicida?
Como colofón, la cita:
"...no hay guerras sin muertos, las armas se hacen sólo para
matar..."
... y cómo bien dijo un colega: EN ESTE BARRIO, ¡LAS
CHINAS NOS LAS FUMAMOS!
Pues sí, jovenzuelos y jovenzuelas, para aquellos ignomitos
que aún no sos habéis dado por enterado, os aviso: este
Domingo (28 de Enero) parto a tierras Chinas (Shanghai más
concretamente) con billete de sólo ida. No sé si
volveré, ni cuándo si lo hago. No sé si podré
dar la vuelta al mundo cual Kali Fogg, pero lo que es un hecho es
que durante una larga temporada no vais a verme el peluquín si
no es por fotos o similar.
Dado mi puto accidente con el móvil no he podido localizar a
nadie así que uso esto para explicaros: el Sábado (27)
hago una fiesta de despedida, en el garito llamado "Así sea"
de la zona de Quevedo (postearé más adelante cómo
llegar) con algunas invitaciones a mi costa. Necesito confirmar
quienes van por lo que más os vale localizarme o ser
localizables.
Estos días tengo como móvil el 630 739 734, así que
ya estáis llamandome para decirme si venís o no... que
tengo que hacer lista.
Y para aquellos cuyas ocupadas vidas no les va a dejar tiempo como
para pasarse apenas un ratito a despedirse, pues qué decir...
¡Nos vemos en el infierno!
Tengo muy poco tiempo para hacer cosas y muchas cosas que hacer,
estos días son una locura de horarios y planes a medio trazar
y me voy a terminar de desquiciar, eso sí no dejaré que
pase lo de la última vez. Al igual que estoy haciendo con mis
cosas, voy a poner el listón muy alto con respecto a las
cosas, personas y situaciones que merezcan la pena mi
atención. Aquello que no lo merezca, será
deshechado.
Tengo que deshacerme de lastres, para poder volar. Y los que me
lleve conmigo serán sólo aquellos valiosos.
Voy a viajar como los emails. Hoy, como estoy muy dormido, me he
quedado atontao -más de lo habitual, sí- mirando una
cabecera de un correo, y me he dado cuenta de lo curioso que
es:
Sale de Shanghai a las 8:35 am del 24 de Enero (zona +0800), vuela
hasta algún punto de Estados Unidos que lo reenvía a las
19:37 del 23 de Enero (zona -0600) para finalmente recibirse en mi
servidor a la 1:40 del 24 de Enero (zona +0100).
Como mola viajar a la velocidad de la luz y en el tiempo...
Bien, veamos... resulta que yo pierdo el móvil, ¿no?
Bien, es una capuyada, soy el primero en decirlo. Pero collejas
más tarde por favor que ahora corre prisa arreglar en lugar de
destruir. Aplicamos una medida de contingencia, cojo el móvil
que le sobra a mi madre y me quedo con él la única semana
que me queda en Madrid. Pongo el anuncio en el msn y en mi blog,
para que la gente me mande de alguna forma sus números y
así poder recuperar la agenda.
La mayoría ni leen el mensaje o directamente lo ignoran. Los
pocos me mandan un mail o dejan un mensaje en el msn. Otros incluso
me mandan un sms con su nombre (ya son ganas de pagar teniendo el
mail) pero existe la pega de que el nombre puede coincidir con
varios otros que tuviera homónimos en mi agenda.
Pero luego están los más listos del universo, los
Expertos Mundiales en rehacer agendas. Esos son los que, para darme
su número, me hacen una llamada perdida.
Pensaba seguir regodeándome en ese hecho, pero creo que el
silencio lo dice todo.
Las despedidas son tristes, es algo que todos sabemos. Pero en
menos de 5 meses han sido dos despedidas en el mismo lugar, con
distinta gente, de mis motos.
Esta vez no tenía el vínculo que existía con La
Gata, pero de todas maneras ha sido triste dejar la moto y darle
las llaves a su nuevo dueño, y saber que nunca más
volveré a montar sobre ella.
El día amaneció triste, elocuente de lo que iba a ser,
gris, con una llovizna finísima y una niebla que apenas dejaba
ver la acera de enfrente. El sol ni siquiera se había
despertado cuando salí a por la moto. El mundo parecía
andar a un ritmo extraño con la falta de luz, y la gente
andaba distante y aún adormecida por sus madrugones para ir al
tajo.
Como una hilera de autómatas todos se encaminaban al Metro sin
pararse a mirar a quien anda a su lado, o a quien se cruza en
sentido contrario. Como mucho dos amigos que se cruzan se reconocen
y hablan 15 segundos sobre por qué se cruzan esa mañana y
no otra.
Pero poco a poco el sol va abriendose camino a duras penas entre la
densa niebla, convirtiéndola en lluvia y deshaciéndola
con esfuerzo. Los primeros rayos de luz apenas iluminan un poco el
día aún triste, y el tráfico se hace lento y
apesadumbrado, contagiado del lúgubre amanecer.
Después, igual de fríamente que amaneció, las cosas
se suceden como impulsadas por la misma inercia incosnciente que
lleva a las personas medio dormidas al metro para acudir a sus
puestos de trabajo, y la vista final da paso a la gestoría,
esta a su vez a las firmas de papeles, luego trámite en el
banco, entrega de llaves, últimas explicaciones banales y
obvias (a la par que innecesarias), apretón de manos, y cada
uno por su lado. Desde este momento enlatado, calentito a salvo de
la lluvia que arrecia ahora que el sol se impone filtrando sus
rayos entre las nubes, pero con una horrible sensación de
nostalgia en el cuerpo.
Esta vez no se fué girando la esquina sin mirar atrás, ni
hubo esos últimos días disfrutando a tope de su
compañía. Una honrosa despedida ayer, y un indiferente
alejamiento del lugar donde estaba aparcada en un soportal.
He perdido mi móvil y con él toda la agenda. Por favor,
quien leáis esto mandadme un mail a kali@kalimotxo.net con
vuestro número para recuperar la agenda.
UPDATE: Me he agenciado para esta semana que me queda el siguiente
número:
Acabo de volver de San Sebastián de una de mis fugas
relámpago decididas a última hora. Todo empezó el
Viernes, cuando no sabía que había quedado para el mismo
día con Martuky a cenar y con los del curso de foto a tomar
unas cañas por ser el final del curso.
Al final vencieron las cañas y la noche terminó rara en
una fiesta erasmus llena de gente a la que no conocíamos. En
mitad de aquella vorágine de sangría asesina, gente
conocida y gente menos conocida, pero sobre todo gente
absolutamente desconocida, hubo uno de esos "¿oye, y por
qué no?" cuando hablamos de hacer una salida en plan a tomar
unos pinchos a San Sebastián.
El espíritu del decidir las cosas en el último segundo se
apoderó de Javi y de mí y terminamos llevándonos por
medio a Celia y a César, que andaban por allí cerca.
Así que el sábado por la mañana, cuando
conseguí doblegar a la resaca infernal de la sangría
asesina, salimos hacia Donosti. Javi y yo en nuestras motos,
César con el coche de apoyo (el kalicar) y Celia cambiando de
un vehículo a otro.
EL título del post viene a cuento de lo que ha ido pasando
estos dos días. Dos días en que he hecho más
kilómetros en moto de los que me apetecía, sobre todo por
la cantidad de ellos que han sido de noche y por autopista. Mis dos
vehículos que han alcanzado un 2 en la primera cifra de su
cuentakilómetros, 200.000 para el kalicar, 20.000 para la
moto. Dos mensajes al móvil bastante reveladores. Dos
habitaciones dobles de hotel y dos comidas que superan la capacidad
de mi estómago.
Pero sobre todo, dos días donde lo que más he sentido, es
echar de menos.